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Es necesario, en todo, empezar por los principios. La acción justa se deriva de ellos.
Cuando una civilización está arruinada, necesita hacer quiebra. No se limpia una casa que se cae a pedazos.
Los fines no faltan, el nihilismo es nada. Los medios se dejan de lado, la impotencia carece de excusas. El valor de los medios se remite a su fin.
Todo lo que es , es bueno. El mundo de los qelipoth , el Espectáculo, es –íntegramente- malo. El mal no es una substancia. Si fuera una substancia, sería bueno. El misterio de la efectividad del mal se hace soluble en que el mal no es, y sin embargo es una nada activa .
El mal consiste en no distinguirlo del bien. La indistinción es su reino, la indiferencia su poder.
Los hombres no aman el mal; lo que aman es el bien que hay en él.
En el Tiqqun , el ser retorna al ser, la nada a la nada. La consumación de la Justicia es su abolición.
La historia no ha terminado. Para ello necesitaría nuestro permiso.
Un solo hombre libre basta para probar que la libertad no ha muerto.
La cuestión no es nunca “vivir con su tiempo”, sino para o en contra de él. Esto no es opinable.
Todo lo que se jacta de ser un “avance” temporal, confiesa –con eso sólo- que no es superior a su tiempo.
Lo nuevo es solamente la coartada de lo mediocre. Hasta hoy, el progreso no ha supuesto más que un cierto aumento en lo insignificante. Lo esencial ha quedado en la infancia. Los hombres se han rodeado de hábitos, pero el hecho es que no los han pensado todavía. Esta es una negligencia que ya resulta inviable. Aquí empieza la historia.
Las catástrofes de la historia no demuestran nada contra el bien. No son los movimientos revolucionarios los que han suspendido “el curso normal de las cosas”. Esto habría que invertirlo. Es de hecho este “curso ordinario” lo que encarna la suspensión del bien. En su encadenamiento, los movimientos revolucionarios componen la tradición del bien; por ahora: la tradición de los vencidos. La nuestra.
Toda la historia pasada se resume en esto: la figura de una gran ciudad sitiada una y otra vez por reyezuelos. Inexpugnable, el resto permanece.
Absolutamente antes del tiempo, hay el sentido.
Es un reloj callado. Suya es la realeza.
Es preciso actuar igual que si no fuéramos hijos de nadie. A los hombres no les es dada su filiación verdadera. Esta no es sino la constelación de la historia de la que consigan reapropiarse. Es conveniente tener un panteón. No todos los panteones se encuentran al final de la calle Soufflot.
Los lugares comunes son lo más bello. Es necesario repetirse. La verdad siempre ha dicho la misma cosa, de mil maneras. En ocasiones, los lugares comunes han tenido la fuerza suficiente para hacer tambalearse el mundo. El universo mismo se ha originado desde un lugar común.
Este mundo no está adecuadamente descrito porque no está adecuadamente contestado; y al revés. No aspiramos a un saber que dé cuenta de un “estado de hecho”, sino a un saber capaz de crearlos. La crítica no debe temer ni la gravedad de los fundamentos ni la gracia de las consecuencias. Esta época es tan furiosamente metafísica que trabaja sin tregua para olvidarlo.
La Metafísica Crítica, al rechazarla, se la abraza.
Algunos han hallado que la verdad no existe. Han sigo castigados por ello. No se han hurtado a la verdad, mientras que la verdad se ha hurtado a ellos. No la han enterrado, mientras que ella los enterrará.
No queremos saber nada de gemidos; no le haremos a nadie el favor de una revuelta a la medida. Tendréis que empezarlo todo de nuevo, por vosotros mismos. Este mundo está necesitado de verdad, no de consuelos.
Es necesario criticar la dominación, porque la servidumbre domina. Que haya esclavos “felices” no justifica la esclavitud.
Han nacido. Quieren vivir. Siguen hasta el final sus destinos de muerte. Alguna vez se cansan y entonces hacen hijos. Para que nazcan otros muertos más. Para perpetuar más destinos de muerte.
Desde que hay hombres –y desde que estos hombres leen a Marx- se sabe lo que es la mercancía. Pero nunca hasta ahora se ha acabado con ella de un modo práctico. Algunos –que en otro tiempo hicieron profesión de criticarla- anunciaron incluso que ella sería una segunda naturaleza, más bella y más legítima que la primera, y que nosotros deberíamos someternos a su autoridad. Sus metástasis han alcanzado los confines del mundo. Y no estaría de más tener presente que un organismo cancerado se derrumba enseguida.
Las alternativas y los litigios antiguos están exhaustos. Nosotros imponemos otros nuevos.
Rechazad los dos lados por igual. No améis más que el resto. Únicamente el resto será salvado.
Los hombres son responsables del mundo que ellos mismos no han creado. No es una idea mística. Es un dato. Sólo le asombrará a quien haya acertado a amoldarse.
De ahí la guerra.
El enemigo no tiene la inteligencia de las palabras. El enemigo las pisotea. Las palabras desean ser alzadas de nuevo.
La felicidad no ha sido nunca sinónimo de paz. Hay que hacerse una idea ofensiva en torno a la felicidad.
La sensibilidad ha sido durante mucho tiempo –demasiado- una disposición pasiva al sufrimiento. Ella debe transformarse ahora en la herramienta misma del combate. Arte de reconvertir el sufrimiento en fuerza.
La libertad no se acomoda con la paciencia; ella es la práctica en acto de la historia. Inversamente, las “liberaciones” no son sino el opio de los malos esclavos. La crítica nace de la libertad, es su partera.
Los hombres están más seguros de liberarse cuando se desprenden, que de acceder a la felicidad cuando reciben.
Perseguid la libertad y todo lo demás se os dará por añadidura. Quien quiera guardarse, se perderá.
Igual que todo aquello cuya existencia ha de ser previamente probada, la vida que obedece a este tiempo tiene poquísimo valor.
Un orden antiguo subsiste en apariencia. En verdad, no está ahí más que para ser descrito en todas sus perversiones.
Se asegura que no hay peligro porque no se producen motines. Se dice –puesto que no hay desorden apreciable en la superficie de la sociedad- que la revolución está muy lejos. Lo que ocurre, realmente, es que las fuerzas de la aniquilación están comprometidas, ahora mismo, en un camino muy distinto de aquel en que se esperaría hallarlas.
Sabed, jóvenes imbéciles, patéticos bocazas realistas, que hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que sueñan vuestros solipsismos huecos.
Esta sociedad funciona como una llamada incesante a la restricción mental. Sus mejores elementos le son extraños. Se rebelan contra ella. Este mundo gira alrededor de sus márgenes. Su descomposición lo desborda. Todo lo que aún vive, vive contra esta sociedad.
Abandonad el barco, no porque se esté hundiendo, sino a fin de conseguir que se hunda.
Los que hoy no comprenden, es que ayer movilizaron todas sus fuerzas para dejar de comprender. En su fuero interno, todo hombre está al día del estado del mundo.
Toda cosa se radicaliza, tanto la idiotez como la inteligencia.
El Tiqqun desprende las líneas de ruptura en el universo de la indiferencia. El elemento del tiempo se reabsorbe en el elemento del sentido. Las formas se animan. Las figuras se encarnan. El mundo es .
Cada nuevo modo del ser arruina el precedente, y sólo entonces, sobre las ruinas de lo antiguo, lo nuevo vuelve a comenzar. Esto es lo que se llama “los dolores del alumbramiento”, a fin de designar un periodo de grandes convulsiones. Parece que el antiguo modo de ser en el mundo será aniquilado, lo que cambiará diferentes cosas.
Un día, una sociedad intentó, por medios innumerables y constantemente repetidos, aniquilar a los más vivos de entre sus hijos. Estos hijos sobrevivieron. Ahora desean la muerte de esta sociedad. No tienen odio.
Se trata de una guerra que no está precedida por ninguna declaración a nadie, nosotros no la declaramos, nos limitamos a revelarla.
Dos campos. Su diferencia está basada en la naturaleza de la guerra. El partido de la confusión querría que no hubiese más que un campo. Lleva en sí una paz militar. El Partido Imaginario sabe que el conflicto es padre de todas las cosas. Vive en la dispersión y en el exilio. Fuera de la guerra, no es nada. Su guerra es un éxodo donde las fuerzas se componen y las armas se encuentran.
Dejad al siglo los combates de espectros. No se lucha contra los ultracuerpos. Se los aparta, para despejar el blanco.
Dentro de un mundo de mentira, la mentira no puede ser vencida por su contrario, sino únicamente por un mundo de verdad.
El conformismo engendra odio y resentimiento. La verdad aproxima a los hermanos.
“Nosotros” quiere decir: nosotros y nuestros hermanos.
La inteligencia debe convertirse en una tarea colectiva.
And the rest is silence.
Venecia, el 15 de enero 1999.
(Traducción de La llave de los campos)
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