LaLlavedelosCampos Escritura, creación e intervención surrealista
     
Intervenciones

INTERVENCIÓN I: 12 de Febrero de 2005

EL DESEO QUEMA


La acción que “La llave de los campos” llevó a cabo en el entorno de unos grandes almacenes el sábado 12 febrero, responde a una modalidad de intervención que hemos denominado “siembra de preguntas”.

Con esta acción, nos proponíamos incidir desde una voluntad crítica y perturbadora sobre una de las prácticas hegemónicas que estructuran el texto de la vida cotidiana bajo el Capitalismo (la compra, el consumo). Y –siguiendo en esto la estrategia situacionista del détournement – buscábamos igualmente apropiarnos y utilizar de acuerdo a nuestro deseo (y no según el uso prescrito) un territorio sagrado en la liturgia del Capital; a saber: el espacio de unos Grandes Almacenes.

Durante un intervalo de dos horas (y con la restricción obvia de no hacer absolutamente ninguna compra) los miembros de “La llave de los campos” nos dedicamos a recorrer el establecimiento sin rumbo fijo. En el transcurso de esta deriva, fuimos colocando en el interior de las diversas mercancías allí expuestas hasta un total de trescientas tarjetas, en las que habíamos impreso una única pregunta:

“¿Cuántas horas tienes que trabajar para comprar esto?
¿Cuántas horas trabajan tus amos para comprarlo?”

Con esta pregunta perseguíamos dos efectos convergentes. El primero -al que nos hemos referido más arriba- se encamina, precisamente, a perturbar en su raíz el carácter de “respuesta al deseo” que usurpa la mercancía dentro del dispositivo de la sociedad de consumo. Se trataba, pues, de introducir un elemento disruptivo en esa Gestalt que es la acción de comprar. Antes o después, el consumidor descubrirá que el objeto adquirido transporta en su interior una pregunta inoportuna, sorpresiva, molesta: que la promesa de sutura del deseo que toda mercancía encarna no se ha hecho efectiva esta vez. (Sobra añadir que lo que unos Grandes Almacenes ofrecen no son realmente “respuestas al deseo”, sino a nuestro deseo tal como es deseado por las clases dominantes . La mercancía es aquello que el Gran Hermano Capitalista desea que yo desee; y su presencia totalitaria, invasiva y obscena, en el espacio y los códigos de lo cotidiano no tiene otro objetivo que el de extraviarme de mis deseos auténticos.)

En idéntico sentido, el segundo efecto que buscábamos con la pregunta era invertir la falsa prevalencia del principio del placer sobre el principio de la realidad que hoy opera en la práctica de la compra.

En efecto: el carácter de fetiche que reviste la mercancía bajo el modo de vida capitalista, vuelve profundamente invisibles tanto el trabajo como el sistema de organización social de los que esa misma mercancía es resultado. Nuestra pregunta, pues, recuerda al hipotético consumidor que a) por toda mercancía se paga una cantidad determinada de tiempo de vida, y b) que a despecho de la ilusión de equivalencia que favorece el Capital a través del “precio”, no todas las vidas tienen un valor homogéneo bajo el imperio del Mercado. Medido en esa instancia realísima que es el tiempo de trabajo, las cosas tienen precios diferentes para individuos situados en clases sociales distintas... Y sobre esta base, nuestra pregunta incide provocadoramente sobre la percepción difusa de los antagonismos de clase (asalariados / propietarios, dominados / dominantes, esclavos / amos), que de un modo constante encubre, pervierte y trata de disimular el discurso hegemónico en la Sociedad del Espectáculo.

Terminada la “siembra de preguntas”, los miembros de La llave de los campos nos reunimos con el fin de poner en común nuestra experiencia. Era la madrugada del domingo 13 de febrero. Pasadas las 3, un miembro del grupo que ya había abandonado la reunión telefoneó inopinadamente con una sugerencia: “Encended la televisión”.

En la pantalla, en efecto, pudimos ver la fachada de los Grandes Almacenes en donde apenas unas horas antes acabábamos de intervenir. Y –pegada a ella- una vibrante metáfora que sintetizaba el deseo grupal: las oficinas de la torre Windsor en llamas.

Desear es convocar lo inesperado.
Preguntar es confiarse a los poderes de lo desconocido.
Lo dado aturde.
El deseo quema.

 
   
LaLlavedelosCampos Escritura, creación e intervención surrealista