LaLlavedelosCampos Escritura, creación e intervención surrealista
     

24 de Octubre de 2004

DERIVA EN EL RASTRO DE MADRID


Este juego partió de una deriva¹; se trataba de confeccionar un objeto colectivo formado por significantes del inconsciente de los miembros del grupo, cuya acción se desarrollara principalmente a partir de un ámbito público, de modo que estos significantes también fueran influidos por la presencia de la ciudad y de lo social.

Aunque la elección del lugar fue inmediata e intrínseca a la actividad misma, el hecho de hacer el juego en un sitio como el Rastro de Madrid, no sólo nos vinculaba a la búsqueda de objetos azarosos que practicaron los surrealistas franceses de los años 30’s, en el Marché aux Puces² de París, sino que además nos abría un amplio campo de posibilidades de encontrar piezas curiosas, peculiares, inútiles y que, en muchos casos, estaban fuera del circuito del Gran Mercado. Precisamente por esa inutilidad, tal vez se ajustarían mejor a la libertad y fantasía propias de los contenidos inconscientes.

Desde el principio la idea era que cada participante buscara objetos que llamaran su atención de una forma irracional, para lo que era necesario reunirnos el mismo día y a la misma hora, evitando así una posible preconcepción del objeto a buscar. Una vez que cada participante hubiera elegido su objeto-significante, nos reuniríamos para confeccionar un ensamblaje que cerrara el proceso del juego y que no tuviera ninguna utilidad práctica.

El objetivo de este ensamblaje era que al tratarse de objetos que, de modo aleatorio, habían capturado nuestro deseo, el proceso de composición colectiva diera nacimiento a una figura simbólica que materializara el vínculo grupal.

Para ello, acordamos reunirnos en la entrada del Rastro de Madrid a las 12.30 del domingo 24 de octubre de 2004.

Una vez estuvimos todos los participantes (seis en total) quedamos en encontrarnos en el mismo sitio a las 2.30 de la tarde trayendo los objetos elegidos, entonces cada uno partió en una dirección azarosa (una deriva) para “dejarse encontrar” por su objeto-significante. Con respecto a esas derivas individuales no contaremos nada, preferimos dejar en torno a ellas, como lo hicimos entre nosotros, un espacio individual de silencio.

A las 2.30 volvimos a encontrarnos. Una de las experiencias curiosas que ocurrieron fue que -aunque en principio se dijo que cada participante tenía que elegir un solo objeto-, al momento de volver a reunirnos en la puerta del Rastro, descubrimos que todos habíamos elegido más de uno, como si el inconsciente grupal nos hubiera “conectado”, aún cuando cada participante había estado solo durante la deriva.

En total, los objetos-significantes que nos encontraron fueron: un robot, un arlequín, un objeto metálico relleno de yeso con forma de falo, una estrella de mar, una pletina metálica con forma de i latina, una bandera pirata, una soga, una ventana, un pequeño cuadro que representa a Adán, otro que representa a Eva, una llave antigua, un hada de alambre, una escultura de yeso esmaltado en metal que representa una boca, una cadena con un corazón dorado, una ventosa de pared, un peso, un pulpo de plástico rojo, un candado y una bala.

Como se puede ver en el resultado, se trata de un objeto en el que están presentes varios significantes binarios:

- hombre/mujer (Adán, Eva)
- abrir/cerrar (llave, candado)
- fuera/dentro (ventana)
- rigidez/flexibilidad (robot, arlequín)
- vacío/lleno (objeto fálico, i latina)
- regular/irregular (objeto fálico, i latina)
- claridad/oscuridad
- muerte/vida (bala, corazón)
- natural/artificial (estrella de mar, robot)
- palabra/cuerpo (escultura-boca, Adán y Eva)

Unas semanas más tarde, el día 20 de Noviembre de 2004, quedamos en una casa para confeccionar el objeto. Durante varias horas, todos los participantes probamos disposiciones de los objetos-significantes, en las que, curiosamente, la ubicación de la escultura-boca y de la ventana nunca cambió. Otra curiosidad es que, como se ve, la mayoría de los objetos pertenecen a una misma gama de colores (cálidos) o son de materiales parecidos (metal).

Además, todos los participantes elegimos objetos biomórficos, y más específicamente antropomórficos (la calavera, el hada, la boca, Adán y Eva, el arlequín), excepto uno que al comenzar el proceso de composición del ensamblaje manifestó que la estrella de mar que había elegido era un “amigo”. Durante el proceso, el protagonismo -acordado unánimemente- de la ventana, condicionó la mirada frontal (o en alzado) del ensamblaje y su profundidad de campo.

El contenido sexual del objeto es innegable no sólo por la polaridad hombre/mujer sino por la manera en la que la forma fálica se incrusta en esa i hueca. La manifestación de lo poético/onírico se revela en lo irracional de la boca y en la estrella de mar, en contraste con la racionalidad de la ventana enrejada. La presencia del significante “deseo” cristaliza en la figura del hada.

También la luz fue un punto en el que el inconsciente colectivo convergió una vez que la composición en sí ya estaba terminada. Las diferentes disposiciones de varios tipos de fuente (velas, bombillas, lámpara) que probamos antes de fotografiar la composición revelan la aparición de una isotopía que no está presente en el ensamblaje materialmente, pero que forma parte del inconsciente grupal, como si el grupo creyera que ese objeto material, físico y poético, necesitara algo inmaterial que bien podría estar relacionado con el conocimiento y con el “hacer ver”, dos premisas que desde siempre han constituido pilares básicos de La Llave de los Campos.

Pero además, este significante va acompañado de una narración que recorre el objeto si se le mira un poco más desde arriba: la que empieza por el “deseo” (el hada) continúa hasta los significantes “cuerpo” (en los que está marcada la diferencia hombre/mujer) cuyos sexos están tapados por la barra de la ventana, y que a través de los cuerpos enlaza con el fuego (la pasión, el conocimiento) que ilumina la palabra (escultura-boca) y que culmina en dos grupos: la libertad (la llave) y el enigma-sueño (la conjunción de la estrella marina con el objeto fálico y la i); o lo que es lo mismo, el arte. Esta narración bien podría entenderse como una especulación, salvo que observemos, en el objeto compuesto, una peculiaridad del binomio palabra/cuerpo, que es la de que la palabra (la escultura-boca) está fuera (libre) mientras los cuerpos de Adán y Eva están encerrados por la ventana.

Si organizamos esta isotopía como una cadena narrativa, podemos leer que lo que dice nuestro ensamblaje es que el deseo que vincula al grupo reconoce su naturaleza libidinal, mediada por la diferencia entre los sexos, al tiempo que atraviesa su expresión inmediata en lo imaginario del cuerpo, en dirección a la pasión encarnada en la palabra y al enigma compartido de la expresión artística.

Aunque no todos los objetos-significantes elegidos durante la deriva aparecen en el resultado final, se sugirió que para futuros juegos, los significantes que no se hubiesen materializado en objetos fueran utilizados en forma de palabra.

Para cerrar, diremos finalmente que la elección de este objeto como emblema del grupo, fue un hecho totalmente impremeditado, suscitado de forma espontánea por el inconsciente grupal.

 

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notas:

1. El concepto de “deriva” propuesto por los Situacionistas, y más específicamente desarrollado por Guy Debord y Constant, constituye uno de los ejes de este sistema de pensamiento. En su texto “Teoría de la Deriva”, Debord lo define así: “Entre los diversos procedimientos situacionistas, la deriva se presenta como una técnica de paso ininterrumpido a través de ambientes diversos. El concepto de deriva está ligado indisolublemente al reconocimiento de efectos de naturaleza psicogeográfica, y a la afirmación de un comportamiento lúdico-constructivo, lo que la opone en todos los aspectos a las nociones clásicas de viaje y de paseo. Una o varias personas que se abandonan a la deriva renuncian durante un tiempo más o menos largo a los motivos para desplazarse o actuar normales en las relaciones, trabajos y entretenimientos que les son propios, para dejarse llevar por las solicitaciones del terreno y los encuentros que a él corresponden. La parte aleatoria es menos determinante de lo que se cree: desde el punto de vista de la deriva, existe un relieve psicogeográfico de las ciudades, con corrientes constantes, puntos fijos y remolinos, que hacen difícil el acceso o la salida a ciertas zonas.

2. Son conocidas las incursiones de André Bretón, Giacometti, y otros surrealistas, en el Marché aux Puces de París, para buscar objetos traídos por el azar. Al respecto, sugerimos ver el libro “Nadja” de André Bretón, donde el autor cuenta algunas de sus experiencias durante estas incursiones.

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