LA LLAVE DE LOS CAMPOS
Transformaciones del trabajo desde una perspectiva feminista... está compuesto de quince intervenciones. Quince firmas en torno a la «carga global del trabajo»: la reproducción como fase oculta de la producción, es decir, el trabajo doméstico, el estudio o el voluntariado invisibilizados por el salario y la cualificación. El empleo como sinécdoque del trabajo. Según el Laboratorio Feminista , las fases de producción y reproducción no son modos de trabajo aislados y separados, sino que se interrelacionan dialécticamente y aportan, entre otras, la resignificación del concepto de «grupo minoritario»: su inferioridad se deriva no tanto de su número como de su situación de estatus —atributos físicos y culturales que rechazan los demás miembros de la sociedad.
Desde la perspectiva del Laboratorio Feminista , el periodo entre el capitalismo de consumo y el capitalismo financiero es el atajo recorrido entre el lema «Lo personal es político» —acuñado por las feministas italianas de los setenta— y la «domesticación del trabajo» —otras prefieren «feminización del mercado de trabajo»—: si las feministas exigían en los setenta un salario para las amas de casa, hoy son cada vez más los hombres y las mujeres que, bajo la separación producción/reproducción, malviven con trabajos similares a los desarrollados en el ámbito doméstico, con condiciones laborales de sometimiento o gracias a la doma de una cualidad, el afecto, que hasta ahora se había considerado exclusivo de la vida privada del ser humano. No es más que la aplicación de la retórica —«ideología de la domesticidad»— de las políticas públicas, de la legislación y de las prácticas de los sindicatos institucionalizados. Porque el concepto «trabajo» no es ni ha sido una categoría universal ni invariable. Además, sostiene el Laboratorio Feminista , hemos vuelto al capitalismo de acumulación —está por ver qué otros capitalismos nos esperan—. Mercantilizamos cada vez más el cuidado —ya se trate de instituciones o de personas particulares— en lugar de politizarlo, de pensarlo como una lógica que desplace el beneficio y la seguridad en favor de la vida. La vida como eje articulador de la organización social de acuerdo a los deseos y a las necesidades de las personas. Hoy, en cambio, la extinción de los seres humanos queda al margen del mercado. Lo que importa es la materia prima.
Entre las intervenciones que componen Transformaciones... hay, como mínimo, dos enfoques que reflejan la evolución del feminismo como práctica política en Europa: por un lado, la visión del feminismo institucionalizado o de Estado, que abandera el posibilismo y se aleja del feminismo de la «segunda ola» (en los setenta, la capacidad de pensamiento y de acción en las iniciativas era mayor por la escasez de financiación y de su efecto: el clientelismo); por otro lado, la visión de un feminismo que pone de relieve la vocación no-academicista de la mayoría de las autoras de este libro, que advierte que la dominación de género adquiere características diferentes según la clase social a la que se pertenece y que aspira a la práctica de una política de «saberes situados», es decir: saberes anclados en contextos particulares y no en abstracciones generalizantes.
La deconstrucción de conceptos como «género», «sujeto» o «deseo» que nos ofrece el Laboratorio Feminista , invita a la reflexión. ¿Deseamos o desean por nosotras y nosotros? ¿No es lo natural algo construido socialmente? Sin embargo, dentro de los enfoques feministas, hay confrontación en cuanto a las posiciones a tomar: a favor o en contra de la paridad sexual; la disolución del modelo lógico-racional «masculino/femenino» (feminismo de la igualdad) o la defensa de dicho modelo (feminismo de la diferencia); hacer frente a la violencia sexual con la oposición frontal al dominio masculino, pero también a los transexuales por expropiar el cuerpo de las mujeres (feminismo cultural) o la asunción de que la experiencia sexual de las mujeres es una mezcla de represión y peligro junto con exploración y placer, que el peligro viene de la interiorización del modelo sexual dominante y que la lucha contra la violencia debe unirse, además, a otra lucha: la de ampliar las cotas de placer y libertad sexual de las mujeres (feminismo pro-sexo). En todo caso, si el feminismo oficial dirige sus ímpetus a imponer leyes que repriman y discriminen a los hombres, siempre «verdugos», ¿es posible para las mujeres independizarse desde la victimización? ¿Cabe la posibilidad de incluir a los hombres en esta lucha? Y en cuanto a la uniformidad del «feminismo blanco, eurocéntrico y de clase media», ¿aportan algo el feminismo de las lesbianas o el feminismo afroamericano?
El resultado general de Transformaciones... es más bien un nudo de preguntas que un puñado de respuestas definitivas, universales y con un límite previo al análisis y a la praxis. En más de un caso, estas preguntas se vuelcan hacia el deseo de generar diversas prácticas nos ayuden a configurar multitud de reflexiones «en construcción permanente». Este carácter experimental, dinámico y colectivo es, quizá, la razón por la que las firmas de estas intervenciones se aglutinan bajo el nombre de Laboratorio Feminista . Un laboratorio en el que sus integrantes —o al menos parte— defienden un feminismo no normativo.
A pesar de esta iniciativa, el Laboratorio Feminista reconoce un fracaso en su propósito inicial: «cruzar la crítica a la economía política con las aportaciones feministas en torno a las subjetividades y los sujetos encarnados», es decir, que en Transformaciones... , ha discurrido, por un lado, el análisis del modo de producción y reproducción y, por otro, el análisis de la subjetividad y la sexualidad. El Laboratorio Feminista es consciente de que falta por abordar «cómo la sexualidad se inserta en el modo de producción a través de la economía libidinal o cómo los modos de producción se inscriben en nuestros cuerpos y producen subjetividades y sexualidades específicas». Esta falta, sin embargo, se ha convertido en un acicate para seguir en construcción y, sobre todo, para generar una praxis que se proponga «aferrar la teoría a la carne». Tras este interesante trabajo nos mantendremos a la espera de un nuevo y próximo estudio al que se alude en el prólogo: «Quizá volváis a oír hablar de nosotras, junto a otras...» |